PACKOCHO

Motero, Rider, Biker, motoviajero o motoaventurero, un poco de todo. Estoy dando la vuelta al mundo por etapas. Después de cada viaje tengo que volver a casa, trabajar, ahorrar y esperar de nuevo a las vacaciones e iniciar un nuevo proyecto. Desde temprana edad comienza mi pasión por las motos. Que yo recuerde, tendría unos 6 años cuando les pedía a mis padres que me comprasen una Montesa Cota 25. Costaba 25.000 pesetas (150 €) de la época. Eran tiempos difíciles y no pudo ser ese sueño, por lo que tuve que esperar años para poder comprar una moto de segunda mano. Este blog no pretende sentar cátedra en ningún aspecto, ni de motos ni de viajes, ni nada parecido. Tan solo pretende contar unas pocas historias que le pasan o han pasado al que lo escribe.

He tenido la suerte de recorrer carreteras míticas en moto como: "Trollstigen" y "Atlantic Ocean Road" en Noruega, "Route 66", "US-1", Los Cayos y Florida y los National Parks de Utah y Arizona en Estados Unidos (USA), el "Vietcong" y la "Ruta Colonial 4" de Vietnam, llegar hasta "Norkdkapp" (Cabo Norte) atravesando un montón de países europeos. Además de, Costa Rica, Nicaragua, Cuba, Colombia, Córcega, Grecia, Portugal, Marruecos, la Ruta 40 en Argentina e incluso la Mae Hong Son Loop y Kho Larn en Thailandia.

Sobre 4 ruedas he podido disfrutar de la "Atlantic Ocean Road", Philip Island y el "Australian Desert" en Australia, "Route 61 o Highway Music o Blues Highway" en USA, Tierra de Fuego (Ushuaia) en Argentina, Canadá, muchos países europeos, Marruecos o Turquía ...

Disponibles las historias también en Podcast de Spotify. Las puedes encontrar como: "El Blog de Packocho". Así que a disfrutar.

16 de diciembre de 2011

BERLIN - ALEMANIA - 2009


Puerta de Brandeburgo

Esto no pretende ser una guía de viaje, al igual que el resto de este blog. Tan solo un reflejo de nuestro viaje de seis días a Berlín, pero puede servir de referencia a quien quiera ir por cuenta propia. Este viaje se hizo en la primera semana de diciembre, lo cual condicionó las visitas turísticas por la falta de luz solar. En esa latitud anochece a las 15:30 horas, por lo tanto, hay que madrugar y correr para aprovechar y hacer turismo mañanero. Hay que decir que la luz de las farolas, tampoco ayuda. Son tal y como se ven en las películas de la antigua Alemania del Este.

El viaje, buscado y contratado por nuestra cuenta, consistía en vuelo directo Madrid-Berlín-Madrid. El hotel (***) incluía alojamiento y desayuno por 60 €/noche. Está situado en un barrio periférico del centro de Berlín. A una hora de Alexanderplatz. Esta es la plaza principal del actual Berlín, aunque en el lado oriental. Para el que no lo sepa o aún sea muy joven; Berlín son dos ciudades juntas, desde que cayó el muro en 1989. Aún se puede apreciar en los semáforos que el muñequito que da paso a los peatones, es diferente.

Alexanderplatz
Al llegar a Berlín se recomienda comprar un abono transporte de 7 días. Precio 26’20 €. Hay que validarlo en el primer viaje. Merece la pena, puesto que se puede utilizar sin límite: metro (U), autobús, tranvía y trenes (S) de cercanías en las zonas AB. Aclarar que los precios son de 2009 y los revisores van de paisano, te pueden pillar infraganti y ponerte una multa porque no hay tornos a la entrada. En cambio, puedes beber cervezas a las 8 de la mañana o llevar perros que a nadie le molesta.

DIA 1:
La llegada del vuelo al aeropuerto de Tegel fue sobre las 22:00 horas, noche cerrada y un mundo totalmente desconocido. Después de preguntar e informarnos y gracias a un estudiante español de Erasmus, cogimos el autobús y luego el metro. Salimos a la superficie en una estación entre unas casas de barrio obrero y cerca de un polígono industrial, cerca de Spandau. La imagen era desoladora. Dos guiris (porque nosotros en el extranjero somos guiris aunque a los demás sigamos viendo altos y rubios, pero al fin y al cabo están en su pueblo) con dos maletas, cara de despistados y sin saber dónde ir ni a quien preguntar.
Las señales y carteles indicadores escasean; por lo tanto hay que coger el plano, armarse de valor y sacar a relucir las dotes orientativas y de interpretación de mapas de Indiana Jones. Después de unos 30 minutos deambulando en la noche perimetral berlinesa conseguimos enfilar la calle del hotel. Eran casi las 00:00 cuando conseguíamos llegar a la puerta del hotel.
La segunda aventura era poder acceder al hotel. Estaba cerrado y con luz en el interior. Nos fijamos y vemos un cartel avisándonos que llamásemos a un número de teléfono alemán y nos darían instrucciones. Empezaba a recordar mis tiempos de “boy scout” y mi participación en gymkanas, aunque más bien parecía un concurso televisivo de moda. El truco estaba en que en la llamada telefónica te facilitaban un código numérico y en la puerta trasera del hotel había un cajetín para extraer la llave -tecleando previamente la clave- y entrar; primero al hotel y luego a la habitación.
Una vez instalados, continuaba la aventura. Eran más de las 12 de la noche en un país centroeuropeo y había que cenar. Objetivo de la misión: encontrar un sitio abierto. Después de recorrer varias calles solitarias, la misión se fue al traste por sí sola. Parecía un castigo; a la cama sin cenar.
Pero los dioses de nuestro lado y al ir a entrar de vuelta al hotel, una pareja de transeúntes -con una más que aceptable borrachera- nos regalaron un par de cervezas frescas tras una pequeña conversación “anglogermánica”. Nos fuimos a dormir con otro ánimo más satisfactorio. Días después, coincidimos varias mañanas en el metro con nuestro “amigo” que resultó ser polaco (de Polonia) y todas las veces se empeñaba en invitarnos a tomar una cerveza mañanera en el metro.
DIA 2: 
El día se levantó frío pero despejado. La primera visita fue al cementerio judío Jüdischer Friedhof. Este cementerio está situado junto a la estación de metro de Senefelderplatz (U2). Una necrópolis judía es siempre algo curioso para ver y la forma que tienen de honrar a sus muertos. No sé por qué, pero casi siempre suelo visitar los cementerios de otros países y sobre todo si son de culturas diferentes.

Jüdischer Friedhof
Como era domingo, había que aprovechar para poder ver el “mercado de pulgas” de Mauer Park. Se coge el metro hasta la estación de Eberswalder Str. (línea U2). Una vez en la calle, se caminan 5 minutos, aproximadamente siguiendo la muchedumbre. Para nosotros, este mercadillo es como el Rastro madrileño; pero la gracia es que está en la antigua Alemania del Este, junto al muro. En ese momento, no éramos conscientes que hace pocos años “el muro” estaba ahí. La nota curiosa la daban estudiantes españoles vendiendo porciones de tortilla de patatas a 1 €, aunque no podría decir si tenía cebolla o no.
Después, comida en un restaurante italiano cercano para reponer fuerzas. Como no había posibilidad de siesta y la noche estaba al caer, decidimos dar un tranquilo paseo por Alexanderplatz. Alexanderplatz es una gran plaza que suele salir en todas las películas que se ruedan en Berlín, sobre todo el oriental. Es el centro neurálgico de la ciudad. Desde aquí parten casi todas las líneas de metro, tren o tranvía. También, son referencia el centro comercial Alexa y las Galerías Kaufhof (como nuestro El Corte Inglés). Ambos, tienen buenos precios y son recomendables para hacer compras. Como eran fechas prenavideñas, tenían instalados dos mercadillos con puestos navideños. Llama la atención que siendo como es la capital de Alemania, uno de los países más importantes de Europa, los precios sean –en general- más baratos que en España. Teniendo en cuenta, además, los sueldos. Un alemán gana, por lo general, más que un españolito medio.

Alexanderplatz y Fernsehturm

Después de la primera inspección a Alexanderplatz (que es algo recurrente para quien visita Berlín) fuimos a ver la Fernsehturm (Torre de televisión) por fuera, ya que era de noche. Para acceder a ella y subir, hay que pagar.
Junto a un parque, detrás de la Fernsehturm hay otro mercadillo navideño y una iglesia evangélica llamada Marienkirche. Tuvimos suerte y asistimos a una misa coral en su interior.
Antes de volver al hotel, agotados, hicimos caso a los sabios consejos de los lugareños y cenamos bocadillos de salchichas de medio metro. Si, si 50 centímetros de salchichas, acompañados de cervezas de medio litro en los puestos navideños. Muy baratos, por cierto. También, es costumbre tomar vino caliente, sentados al aire libre junto a estufas y charlar animadamente.

DIA 3:
El día amaneció como el resto, frío y con neblina. Esta vez, espabilamos para visitar el Berliner Unterwelten E.V. Esto es un refugio antiaéreo de la II Guerra Mundial que se encuentra situado dentro del metro en la estación de Gesundbrunnen (U8). Las visitas guiadas en español son los viernes, sábados, domingos y lunes a las 10:30. Hay varios tours, pero se recomienda el nº 1, puede que el más completo. Está rigurosamente prohibido hacer fotos. En Alemania, todavía, no llevan bien eso del nazismo y sus recuerdos y connotaciones. De hecho, el cartel de la película Malditos Bastardos de Quentin Tarantino que se estrenaba en esas fechas, estaba censurado.

Placas judios
Finalizada la visita a media mañana, hicimos un recorrido por los patios del barrio de Hackescher Markt. Son patios típicos de judíos, con tiendas y jardines. En el suelo de las calles, junto a los portales, se pueden ver placas con los nombres de familias enteras de judíos y las fechas en las que fueron llevadas a los campos de concentración.

Cementerio judío Große Hamburguer Staße




La siguiente visita fue la iglesia protestante de estilo barroco de Sophienkirche junto al Viejo cementerio judío en Große Hamburger Straße.

Sophienkirche



Ya de noche, una curiosa y a la vez intrigante visita a una casa okupa de Tacheles, en Oranienburger Str. Esta casa es un referente del arte y la cultura alternativos. Allí se junta mucha “gente rara”. Como buenos guiris, había que tomar una cerveza en el Café Zapata, también de estilo alternativo y en el mismo bloque. Un pequeño paseo por las calles limítrofes, tampoco viene mal.
Después, se debe coger el tranvía M6-U hasta Alexanderplatz. Pero antes y casi enfrente de Tacheles está la nueva Sinagoga. Muy vigilada y con control de entrada mediante escáner. Se recomienda no visitar, ya que es un timo. Sin ser judío (que hay que acreditar), el precio son 1’5 € y tan solo dejan ver una cúpula cutre de cemento sin pintar. En realidad, lo bonito es la parte exterior del edificio.
DIA 4:
Un día lluvioso de inicio, por tanto la visita a la Isla de los Museos, provocada por el río Spree, se antojaba ideal. Caminando desde Alexanderplatz se llega enseguida. El museo de Pérgamo, posiblemente el mejor de todos, ya que hay varios museos para ver. Precio de la entrada 10 € con audioguía y guardarropa (abrigos, bufandas, gorros, paraguas, etc.). Los jueves de 18:00 a 22:00, todos los museos de Berlín son gratuitos. Para ver a Nefertiti en el Neues Museum, se recomienda sacar la entrada por la mañana. Existen pases programados cada media hora.

Berliner Dom
Junto al río Spree y la Isla de los Museos se encuentra el imponente Berliner Dom con sus características cúpulas de color verde óxido. Para nosotros es la catedral; evangélica y de estilo neobarroco. Entrada 5 €.
Después se toma el autobús nº 100 ó 200 (típicos de recorridos turísticos) para ver la Puerta de Brandeburgo. Todo un símbolo de Alemania junto al oso Buddy, mascota de Berlín. Junto a ella, está el Reichstag (parlamento alemán, Bundestag). Otro importante edificio con la moderna cúpula de Norman Foster y con unas soluciones técnicas bastante curiosas. Entradas gratuitas y cada 30 minutos. El horario es de 10:00 a 22:00 ininterrumpidamente.

Adoquines Muro

Entre el Reichstag y la Puerta de Brandeburgo se encuentra un pequeño monumento a los caídos del muro. Observar en el suelo señalizado con adoquines por dónde discurría el propio muro. Son curiosas las fotos de algunos de los caídos del lado oriental que intentaron traspasarlo. Muy cerca se encuentra la embajada de EEUU.



Reichstag

Memorial Holocausto

Siguiendo la calle abajo, se llega al monumento al Holocausto. Impresionantes bloques de hormigón (2.711). Hay que dar un paseo entre ellos y luego bajar al museo, que se encuentra debajo. Se recomienda comer un rico kebap en el restaurante de enfrente. La entrada al museo es gratuita con guardarropa. Por 3 €, se dispone de audio guía. En el edificio de enfrente, detrás de la embajada de EEUU se encuentra un edificio rehabilitado en viviendas y oficinas que fue el bunker de Goebbels. En la calle de más abajo, se supone que estaba el bunker de Hitler, pero ya no queda nada de éste.

Sony Center Postdamer Platz

A la salida del Memorial del Holocausto y ya de noche, un pequeño paseo hasta Postdamer Platz. Esta es la plaza del lado occidental, toda una creación de edificios modernos y rascacielos. Allí se puede visitar el Sony Center y otros edificios de diseño. Además, muy cerca está la plaza de Marlene Dietrich. Siendo época de Navidad, también tiene su mercadillo navideño. Estos mercadillos abundan por todos los barrios del centro berlinés. Por la tarde-noche, los berlineses juegan a una variante del curling. Una especie de petanca en el hielo.

 

Checkpoint Charlie


DIA 5:
Un soleado pero frío día. Visita al archiconocido Checkpoint Charlie en la estación de Kochstraβe (U6). Lugar de paso fronterizo entre las dos Alemanias y delimita el “sector americano”. Es obligado hacerse una fotografía en el puesto de control. Allí mismo, está el museo y restos del muro. El precio de la entrada son 12 €.
Después cogimos el metro hasta Alexanderplatz y desde allí un tren hasta Ostbahnhof (S5). Hay que bajarse de la estación, cruzar el río y de pronto…. el “Muro”.

Muro

Se pueden admirar las inmensas paredes hormigonadas con alambres de espino con murales (algunos son auténticas obras de arte). Un paseo junto muro hasta el puente de Oberbaumbrucke y cruzarlo. Proseguir el paseo y ver los murales pintados en diversos edificios de viviendas del artista Sazo. Ya en el barrio Kreuzberg (barrio turco), pasear al lado del río y ver la escultura de Molecule Man en el río Spree. Caminar 10 minutos más y cruzando el siguiente puente, girar a la izquierda y llegar hasta la estación de Ostkreuz (S3) para regresar a Alexanderplatz. Una comida frugal en un puesto de salchichas en la misma estación servirá para aplacar el hambre.

Kaiser-Wilhelm-Gedächniskirche

Siegessäule
Coger el autobús nº 100 y pasar por Tiergarten hasta la iglesia derruida de Kaiser-Wilhelm-Gedächniskirche. Esta iglesia se conserva así como recordatorio de los bombardeos de los aliados. Regresar en el mismo autobús hasta la Siegessäule (Columna de la Victoria) prusiana. Esta columna está en el centro del inmenso parque de Tiergarten y las vistas son espectaculares.

Todavía, se pueden apreciar en las columnas de la base, los disparos de los aviones aliados de la II Guerra Mundial. La entrada son 3 €. Después, regreso en el autobús nº 100 ó 200 a Alexanderplatz y vuelta al hotel. Un día agotador, como todos.
DIA 6
El día amaneció como lo que iba a ser: triste. Muy frio y con niebla. La visita principal de la jornada era al Campo de concentración de Sachsenhausen. Para llegar a él, es necesario ir a la estación de Oranienburg, final de la línea S1. Se necesita adquirir un bono complementario de un día de zona BC, precio 2’5 €. Al salir de la estación se puede coger un autobús, pero pasa cada hora. Es preferible dar un pequeño paseo por el pueblo de 10 minutos. Al término de la visita, de 5 horas aproximadamente, reponer fuerzas en el restaurante-casa que está junto a la entrada. Sorprendentemente, los precios son económicos y la comida típica. En España nos hubiesen dado, en esas condiciones, una estocada muy torera.

Sachsenhausen
Para la visita a este campo de concentración y exterminio, que no es tan famoso como Auschwitz, hay que estar preparados para asimilar el horror espeluznante que se pudo vivir allí. Este campo estuvo activo desde 1936 hasta casi 1950. Primero con los nazis y luego con los rusos. Son cinco horas en las que uno puede hacerse una idea de las condiciones tan terribles (climatológicas, alimentarias e inhumanas) en las que pudieron malvivir o sobrevivir estos prisioneros. Siempre escuálidos y desnutridos, ataviados con ese pijama de rayas. Para luego morir de forma horrible; gaseados o fusilados. Existe un antes y un después en el ánimo y en la conciencia de cada uno; después de esta visita.
Regreso al centro de Berlín deshaciendo el camino, a la estación de metro Friedrichstraβe (S1) y dar un paseo por la calle y los bulevares de Unter den Liden; una de las más importantes de la ciudad. También tiene mercadillo navideño, por si alguien todavía no lo sabe.
DIA 7
Último día, también frío como los anteriores. Debido al poco tiempo existente, ya que había que ir al aeropuerto; hicimos una visita rápida al Meilenwerk. Es una nave-museo de compraventa y arreglo de coches de segunda mano e históricos. Extenuados y con cierta tristeza, vuelo a Madrid y vuelta a casa, pero satisfechos por haber aprovechado al máximo este viaje y con casi 960 fotografías en el álbum.
Queda la sensación, como cuando uno va a París -aunque no es comparable- que debe volver a esta maravillosa ciudad y disfrutarla otra vez.



14 de noviembre de 2011

MOTORUTA CORCEGA - 2011

CORCEGA
Ya sé que esta motoruta la han hecho más moteros antes que yo. Voy a contar mi viaje, tal y como lo he vivido. No quiere decir que sea mejor o que no se pueda realizar de otra manera. Simplemente, es mi viaje.
Todo empezó hace 7 años cuando hice un viaje parecido en furgoneta con 4 amigos. Fuimos con una idea, ver el Rallye de France Tour de Corse del WRC. Fue una experiencia muy divertida y allí comencé a gestar la idea de volver, pero esta vez subido en una moto. La isla es propicia, por su orografía muy montañosa, para hacer rutas moteras.
Así que años después empecé a idear un plan. Primero, había que gestionar una moto con la que pudiera acometer el proyecto. La elegida fue una BMW R1150 RT, apodada “el Motorrón”, tal y como la bautizó mi amigo Manolo. Pilotar semejante bicho es como si cabalgaras en un diplodocus. No sé si antes algún neandertal se ha atrevido a hacerlo antes que yo. Conviene saber que el que quiera hacer un viaje a Córcega debe manejar con soltura una moto de gran envergadura, que saque a la luz sus conocimientos de conducción “a la inglesa”, que ajuste las punteras a las estriberas y que se olvide que está en un circuito. Conducir a la inglesa no quiere decir conducir por el carril contrario, si no una forma de inclinar la moto. Y si es un avezado conductor en situaciones de tráfico intenso y atascos, mejor. Ya que tanto en Marsella, Bastia y Ajaccio, el tráfico es muy parecido a una hora punta de Madrid.
El siguiente paso fue estudiar la ruta, elaborar un presupuesto, ver la viabilidad del proyecto y esperar a que llegase la fecha elegida: 2ª quincena de septiembre y que empezasen las vacaciones. Este año, un poco tardías.
Me gustaría que esta motoruta sirva de guía y orientación para que osados moteros puedan hacer su viaje con más datos que con los que partí yo.
Avisar que no es un viaje barato. Estamos hablando de hacer una cantidad considerable de kilómetros. Para hacer 3.700 km. se llenó el depósito 11 veces. Durante nuestra estancia en tierras francesas, el precio del litro de gasolina oscilaba entre 1,55 y 1,65 €. Por cierto, en toda Córcega no existe gasolina de 98 octanos. Tampoco gasoil denominado extra. Se hicieron dos travesías en barco. Se pernoctó en distintos hoteles y comidas en un país donde la carestía de vida es superior.
Otro hándicap sufrido es no haber reservado previamente los hoteles y el barco, ya que desconocíamos si íbamos a ser capaces de completar el libro de ruta preestablecido. En un principio, eran tres etapas hasta que la moto subiese al barco y en el regreso, otros tres. Esto alargaba demasiado el viaje, ya que serían en total 6 días de trayecto con el consiguiente incremento en gastos. Desconocíamos, también, la climatología que íbamos a sufrir.
En cuanto al comportamiento de la moto, cabe decir que cumplió perfectamente su función. En las calles y carreteras viradas de Córcega, en cambio, la moto que más se ve es la BMW R 1200 GS alias “picopato”. Se puede decir que las hay a patadas. Tal vez, sea más polivalente y permite circular mejor por otros tipos de superficie. Hay que decir que apenas hay caminos, aunque si carreteras con el asfalto más roto. También, hay que avisar que la moto se bebió un litro de aceite cuando llevábamos 2.400 km. recorridos. Es lo que tiene un motor bóxer.
Incluyo un pequeño álbum de fotos para que os podáis hacer una idea de lo que se puede ver por allí. Ninguna de las fotos está retocada, es lo que se ve.
·         Día 1: El viaje comienza con todo preparado desde la tarde anterior. Equipaje muy reducido y revisión de la moto. Salimos desde Madrid con mucha ilusión y ganas. Las paradas justas y necesarias, con el fin de avanzar el mayor número de kilómetros. Pasado Zaragoza el sueño hace de las suyas y hay que hacer una parada para comer y dormir una siesta. Seguido, el segundo y definitivo tramo. Esta vez llegamos a Mollet del Vallés (Barcelona), confirmamos que el hotel disponía de habitaciones libres y una ducha. Pasamos la tarde visitando el pueblo y una cena ligera. Tocaba dormir rápido que la segunda etapa se presuponía larga.
Km recorridos: 665
·         Día 2: Salida Mollet del Vallés con buen tiempo, se adivinaban los Pirineos en lontananza. Rápidamente pasamos la frontera después del último peaje en España. Allí nos dicen que tenemos viento de Tramontana. Para el que no lo sepa, el viento de Tramontana es aire frío y racheado típico de esa zona. Este viento no nos abandonaría hasta Cannes. Después se sumó la lluvia. Esto significa que fueron 480 km en plena tensión para mantener la moto en el carril y no caernos al suelo. La comida fue en Arles que visitamos desde la moto y con los chubasqueros puestos. Más tarde, la merienda en Cannes con otra rápida visita al paraíso del lujo. Al poco, llegamos a nuestro siguiente destino: Niza. La siguiente operación, búsqueda del hotel y confirmar la habitación. Una vez conseguido, paseo nocturno y cena.
Km recorridos: 695

NIZA
·         Día 3: Amaneció un bonito y soleado día en Niza. Localización del puerto, compra de billetes del ferry y vuelta al hotel a toda prisa porque el barco saldría hacia la 1 de la tarde. Además, hay que embarcar una hora antes. Compramos comida para unos bocadillos y rápidamente al puerto. En el puerto de Niza, había una buena concurrencia de osados moteros para embarcar, la mayoría franceses. Aunque se pudo ver a gente de otros países lejanos. Nosotros, los únicos españoles. El trayecto hasta Córcega son 6 horas de travesía. Después con el atraque y demás, hay que añadir una hora más. La buena climatología que nos acompañó se estropeó al llegar, ya de noche, al puerto de Bastia. Una tormenta torrencial nos estaba esperando. Con toda rapidez localizamos el hotel y para adentro. El restaurante italiano contiguo dio buena cuenta del hambre que llevábamos después de otro largo día. Un consejo para principiantes: Cuando se embarca una moto; ésta se debe apoyar sobre la pata de cabra y atar el manillar con una cuerda al barco.
Km recorridos: 30

BASTIA
·         Día 4: Amaneció soleado en Bastia. Se podía divisar perfectamente las islas de Elba y Pianosa. El plan de ruta indicaba recorrer lo que los corsos denominan Cap Corse. Las vistas y el paisaje son magníficos. Agua de mar de color azul intenso, con tonos turquesas y curvas para aburrir a cualquier motorista. En esta bonita ruta vimos a los primeros moteros que venían de bastante lejos, un grupo de húngaros. Casi es obligado parar y ver un pueblito llamado Rogliano. Allí el problema es encontrarte con la fauna típica cruzando las carreteras: cerdos con pecas y pequeñas cabras peludas. La comida en otro pueblecito llamado Morsiglia, junto al mar. El regreso por todos los acantilados hasta otro, Patrimonio. Pueblo famoso por sus vinos. Ya por la tarde la visita a Bastia era obligada y sus vetustas calles. Las casas que quedan por detrás de la ciudadela son un auténtico paisaje de la postguerra que recuerdan la Italia de los años 50.
Km recorridos: 137

CAP CORSE
·         Día 5: Otro sol veraniego. Salida desde Bastia, pasando por Saint Florent y dejando a un lado el Desert des Agriates. La ruta con destino a Calvi. Un bonito pueblo al otro extremo de la isla. Allí lo típico es comer en la zona del puerto. De regreso la siguiente parada: L’Ile Rousse. Esta isla es carismática porque cuando anochece se torna de un color rosáceo, de ahí su nombre. El mar, en cambio toma un tono de color violáceo. El regreso, por el interior de Córsica hasta Bastia. De noche y por esas carreteras se puede apreciar cómo son de peligrosos los lugareños conduciendo.
Km recorridos: 200
HAUTE CORSE
·         Día 6: Este era un día de transición y soleado, como los demás. Después de un desayuno tranquilo, salida desde Bastia, pasando por Corte y traslado por el Haute Corse hasta Ajaccio. Son 150 km por el interior de la isla. Un sube baja continuo. Subir montaña, bajar al valle y repetir. La recomendación para ir a Ajaccio desde Bastia es por la carretera de costa, pasando por Calvi, ya que se supone que más vistosa pero diferente. La verdad que en horas empleadas, puede ser bastante más ya que son 240 km. Teniendo el hotel en Ajaccio, es una buena opción. La llegada a Ajaccio, la capital de la isla, se tornó complicada. El tráfico es como de hora punta. La conducción de los capitalinos, bastante mala y peligrosa. No respetan nada. El segundo contratiempo, la ocupación hotelera al completo. Tocó sufrir buscar un hotel. Pero la constancia nos premió con un hotel con mucho encanto en una playa cercana. La habitación tenía acceso directo a la playa y a la piscina. Comida a las tantas de la tarde y compra billetes Ferry, para asegurarnos el regreso al continente. Pero los contratiempos, ese día, no habían acabado. No había disponibilidad en los barcos de camarote hasta un día más tarde de lo previsto. Por un lado, un día más para ver más cosas y por otro, incremento del gasto.
Km recorridos: 150
BONIFACIO
·         Día 7: Otro día soleado más para la hucha. Salida desde Ajaccio con destino a Porto Vecchio. Antes desayuno en las montañas del interior y paso por Propiano. La llegada a Porto Vecchio se hizo un poco larga. Ya que son unos 140 km de distancia a recorrer. Hay que tener en cuenta que las distancias en Córcega se multiplican en horas, por dos. Es decir que si son 100 km no tardaremos 1 hora, si no 2. Porto Vecchio es otro pueblo sugerente de visitar. Tiene un casco viejo interesante, allí el problema es encontrar un sitio donde comer dignamente a un precio asequible. Después de todos los sitios conocidos en Córcega se puede sacar la conclusión que la variedad de comida se reduce a pizza, pasta y creps. Y en algunos sitios muy concretos, un plato de embutidos típicos corsos. Queremos decir unas rodajas de una especie de chorizo, un poco de salchichón y un poco de jamón, todo “bien cobrado”. Nada que ver con nuestros productos ibéricos. Después una comida frugal nos disponemos a visitar Bonifacio, nos separan 30 km. Bonifacio es un pueblo espectacular. Con un cementerio aún más espectacular. No es de extrañar, ya que la vida de los nativos se ha tenido que forjar duramente subiendo las escaleras de sus casas. Una merienda-cena rápida y viaje a Ajaccio. Este es tal vez el viaje por la isla más duro, son 150 km que se convirtieron en 2,20 horas de exigente conducción nocturna. Vimos de paso un pueblo muy bonito llamado Sartene que merece la pena visitar con más tiempo, al igual que otro más pequeño llamado Olmeto. En una travesía por uno de estos pueblos de alta montaña fuimos “atacados” por un búho o lechuza. La verdad no dio tiempo a ver bien que bicho era, tan solo a bajar las cabezas de forma instintiva y camuflarnos debajo de los cascos. Hay que decir que el animal se asustó de vernos y nosotros también. Llegamos a Ajaccio exhaustos del largo día. Pero mereció la pena.

Km recorridos: 350
ILES SANGUINAIRES
·         Día 8: El día para no ser menos, también tuvo sol, pero esta vez más otoñal. Desde Ajaccio nos dirigimos a visitar las Iles Sanguinaires. Muy cerca de la capital napoleónica. Estas islas son una zona protegida y reserva de naturaleza. Un conjunto de pequeñas islas donde campaban los piratas corsarios hasta hace poco más de un siglo. A la hora de comer un baño en la playa del hotel y por la tarde, excursión al Golfo di Lava. El Golfo di Lava es una playa situada a tan solo 21 km de Ajaccio. Es un lugar muy tranquilo, con unos atardeceres espectaculares. Merece la pena ir para disfrutar del sosiego y la placidez que nos aporta la naturaleza. En el regreso, las carreteras muy estrechas nos hacen recordar que tenemos que seguir conduciendo a “la inglesa” para no salirnos de la trazada y continuar en el carril sin perder el ritmo.
Km recorridos: 60
GOLFO DI LAVA
·         Día 9: Un día caluroso pero con poco sol nos acompañaría en la visita turística por Ajaccio, nuestro último día en Córsica. Allí vimos la casa de Napoleón, la catedral y otros monumentos. Esperamos deambulando por las calles. Una cerveza hecha de castañas por aquí, una Coca Cola por allá, hasta que cayese la noche para coger el ferry que nos llevase a Toulon. En el puerto pudimos ver a moteros venidos de la República Checa, Polonia, etc. Para subir al barco, parecía que estábamos en una carrera. Esta vez la travesía del ferry dura 8 horas y la hacemos en un gélido camarote que nos lleva al continente. Para los que no lo sepan, el mando para regular la salida de aire acondicionado está en el techo. Yo me enteré a la mañana siguiente.
Km recorridos: 20
·         Día 10: Atracamos en Toulon. Las motos bajamos del ferry las primeras y a toda prisa nos dirigimos con idea de tomar el desayuno en Marsella. Un solo objetivo: visitar el Puerto Viejo, que es lo que merece la pena de esta atascada, industrial y fea ciudad. Lo digo con conocimiento de causa, porque es la tercera vez que paso por aquí. A pesar de ser un día soleado y después de salir de Marsella, para nuestra desgracia, nos encontramos con el temido viento de Tramontana. Pero esta vez, un poco más suave. Por la tarde, llegamos a Mollet del Vallés con idea de pernoctar y repetimos hotel. Una vez duchados y comidos, bien entrada la tarde, nos dirigimos a hacer turismo en una Barcelona nocturna.
Km recorridos: 576
·         Día 11: Día soleado. Salida desde Mollet del Vallés y regreso a Madrid. Última etapa; con pena nos dirigimos de vuelta a casa. Aquí nos damos cuenta de lo caras que son las autopistas de peaje y lo malas que son. Todas en obras, con infinidad de rayas pintadas, repintadas y tachadas. Un auténtico peligro. Por lo menos en Francia, tienen la deferencia de hacer un precio especial a las motos, ya que se paga en función del tamaño del vehículo. Llegamos a casa exhaustos, pero contentos, con la satisfacción de haber cumplido un bonito sueño.
Km recorridos: 670
Total km. recorridos: 3.700

Ahora queda pensar, que hemos conseguido un logro importante. Esto ha servido para probar la dificultad de una ruta compleja, adquirir experiencia en la preparación y desarrollo de un viaje de gran envergadura.
La próxima ¿Podría ser la Ruta 66?

Allí nos vemos.

11 de octubre de 2010

CROACIA - 2010


DUBROVNIK

Buscando nuevos retos: Croacia. Este viaje se hizo en la segunda quincena de septiembre de 2010. La preparación previa se realizó una calurosa tarde de sábado del mes de agosto, sentados frente al ordenador. Rondaba una idea inicial por la cabeza y se fue confirmando con el testimonio de amigos que ya habían estado antes en este bonito país. De hecho, ha sido muy difícil escoger entre 957 fotos, las más representativas para incluirlas en este relato.
Croacia es una parte de lo que conocemos como la “antigua Yugoslavia”. Tiene fronteras con Eslovenia, Hungría, Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro.
Croacia se encuentra enfrente de la parte trasera de Italia. Tiene todo el mar Adriático bañando su litoral y un sinfín de islas pequeñas junto a la costa. La isla de Hvar, es uno de los destinos turísticos propicios para hacer una travesía en barco y visitar una de las cientos de islas existentes en la costa croata.

Para los amantes de la cultura popular, decir que Croacia es el país donde se inventó la corbata. Este país aunque es barato, no tiene grandes cosas para comprar (ropa, etc.) tan solo algún que otro souvenir.
Se recomienda a todos aquellos que quieran hacer ruta por un país tranquilo, con buenas playas y buenos precios. También, para degustar comida italiana, mejor que en la propia Italia.
Quien se pueda permitir el lujo de hacerlo en moto, que haga Eslovenia y Croacia; no se arrepentirá.

DIA 1 -
El vuelo: Madrid - Zagreb (escala y cambio de avión en Frankfurt-Alemania). A la llegada, en el mismo aeropuerto recogimos el coche de alquiler reservado desde España. Un Volkswagen Polo casi de estreno. Sin GPS, sin navegador y sin historias modernas; ni tan siquiera una brújula. Un plano conseguido en la oficina de turismo de Croacia en Madrid nos ha bastado para viajar a la vieja usanza.
Una vez recogido el coche y sin llegar a recorrer los primeros cinco kilómetros empiezan los primeros problemillas de ubicación. Con los nervios templados, decidimos hacer una rápida parada en un conocido supermercado para hacer unas compras de comida y agua.
Primer contratiempo, hay que tener cuidado con el agua embotellada. No es porque esté mala, es que es difícil comprar agua sin gas a la primera y en este país hablan un idioma un poco raro: el hrvatska (para nosotros el “croato”). El inglés en las grandes ciudades se habla más o menos, pero ya en pueblos no tanto. Ya de paso, podemos decir que la moneda oficial es la Kuna (HRK) y el cambio aproximado es de 1€ = 7’5 kunas.
El primer destino previsto para ese día, una vez superado el aeropuerto, el alquiler del coche y la compra de agua, era llegar a la zona de los lagos de Plitvice antes que anocheciera. Una vez fuera del extrarradio de Zagreb, empieza un peregrinaje por pequeños pueblos y semáforos y más tarde, carreteras sinuosas que poco a poco se van adentrando en las montañas.
Después de unas pocas horas de divertida conducción llegamos al hotel, justo antes de la caída del sol y sin demasiadas complicaciones. Primer objetivo cumplido.
Una vez instalados la siguiente misión era encontrar un restaurante abierto para cenar y localizar los accesos al Parque Nacional de Plitvice (Patrimonio de la Humanidad UNESCO) con idea de no perder tiempo por la mañana. Desconocíamos el ritmo de horarios de esta gente; y al final no difiere mucho del nuestro. Era noche cerrada en las montañas, así que la aventura seguía acompañándonos. Las carreteras entre los árboles parecían sacados de una película de psicópatas.
Hubo suerte y localizamos un restaurante que era como una gran casa de montaña en medio del bosque y como no podía ser de otra manera, la mayor parte del menú lo componía comida italiana. Gracias a las recomendaciones de una pareja de alemanes sentados en la mesa de al lado, decidimos pedir una pizza gigante en vez de una familiar y un plato de exquisita pasta. La pizza se salía de la mesa ¿cómo hubiera sido la “descomunal” familiar? El postre era un buen trozo de sabrosísimo “backlava”. Después de haberlo probado en varios países, jamás he comido uno igual. La siguiente sorpresa fue el precio de la cena. La megapizza, los espagueti, dos cervezas y el backlava por 18 € al cambio. Después a dormir, que al día siguiente esperaba otra larga jornada.
Km. recorridos: 180
DIA 2 –
Para ser un día de la segunda quincena de septiembre, amaneció un poco fresco. No podíamos presagiar lo que vendría después. Liquidamos la cuenta del hotel, un buen desayuno y rumbo a los lagos de Plitvice.

LAGO de PLITVICE

En menos de 5 km. Llegamos al control de información, dejamos el coche en el parking, cogimos las entradas y nos pusimos en marcha. Como habíamos preparado los bocadillos y la bebida, solo quedó ajustarnos la mochila y caminar. Existe un recorrido “tipo” que fue el que hicimos. A buen ritmo, pero con paradas para contemplar los espectaculares e inimaginables paisajes y hacer las obligadas fotos. La visita al parque natural, se puede hacer en una mañana bien aprovechada.

Los dieciséis lagos que conforman esta maravilla se encuentran dentro de la montaña, a diferentes niveles. Esto produce muchas cascadas inverosímiles. No es exactamente un valle. Posee una vegetación espesa y boscosa de hayas. A pesar de ello, este parque natural permite, por su recorrido, la posibilidad de hacerlo con niños. Los caminos y senderos están bien señalizados y los accesos no son complicados. Hay puentes y construcciones de madera, cuevas, y fauna propia del lugar. También, hicimos un recorrido muy tranquilo en un barco por uno de los lagos más grandes. Esto sirve para tener una visión general desde dentro y como descanso.

PLITVICE

El sol nunca llegó a brillar y avanzada la mañana se nubló el día. Más tarde, empezó a chispear ligeramente. Pero un poco antes de la comida, llegó el diluvio universal. No teníamos la certeza si iba aparecer el primo monstruo de Ness u otro del yeti. En medio de las montañas es difícil resguardecerse, menos mal que el recorrido casi lo habíamos terminado. Al final de la subida, existe un curioso autobús pseudo 4 x 4 articulado gratuito que te lleva hasta casi la entrada al parque. La excursión terminó en el coche cambiándonos de ropa ya que estábamos totalmente calados. Una frugal comida y puesta en marcha.

PARQUE NACIONAL de PLITVICE

Como suele ser habitual en la ley de Murphy, dejó de llover al rato. Una nueva tanda de coche y búsqueda del siguiente punto de parada: Split. Se sale del interior del país y se va buscando la costa del Adriático. Durante el camino hubo fuertes tormentas esporádicas que bien parecían la gota fría. El limpiaparabrisas del coche no daba abasto y más de una vez pensamos en pararnos en el arcén. Además, no seríamos los únicos porque pudimos ver algunos vehículos ya parados. Cuando llegamos a Split, el sol daba una imagen idílica de esta ciudad costera. A Split se accede desde lo alto de la montaña y hay que ir bajando hasta el litoral. Al no disponer de navegador ni nada parecido nos costó bastante localizar el hotel. Después de dar muchas vueltas con el coche, recorrer calles una y otra vez, preguntar a algún viandante, decidimos consultar en la recepción de un hotel con internet por nuestro alojamiento. Nos dieron las indicaciones (no muy precisas) que nos costó asimilar y nos dirigimos allí maldiciendo algún antepasado de alguien desconocido.

Llegamos a la zona indicada y para seguir con los inconvenientes, no se podía acceder con el coche. Guiándonos por el sentido de la orientación, rodeamos las edificaciones y llegamos a un paseo marítimo y decidimos aparcar en las pocas zonas libres de pago.

SPLIT

Split es una de las ciudades más importantes de Croacia, concretamente en la región de Dalmacia y declarada Patrimonio de la Humanidad. Fue fundada en el siglo IV y allí se construyó un palacio romano para el retiro del emperador Diocleciano. Andando por callejuelas y vericuetos con un plano impreso en la mano, preguntando de nuevo, nos dijeron la ubicación aproximada del hotel-pensión donde se suponía que íbamos a dormir. Por fin, dimos con la casa en cuestión. Ningún letrero, señal o indicativo. Así es muy difícil, llegamos a preguntarnos si había una cámara oculta y si estábamos participando en una gymkana televisiva sin saberlo. Una nota pegada en la puerta con un número de teléfono y con el papel de la reserva daba continuidad a la aventura. Después de contactar telefónicamente y esperar unos 15 minutos, se presentó un chico con las llaves. Nos abrió la puerta, nos enseñó la casa y nos dio las instrucciones precisas. Supuestamente, en internet un mes antes, a la hora de reservar nos indicaba que estábamos contratando un “apartamento”. La realidad era otra bien distinta. Era una casa baja, de pueblo. Un pequeño saloncito, una minihabitación y un cuarto de baño más pequeño, si cabe. Eso sí, todo limpio.

PALACIO DE DIOCLECIANO

Cuando nos disponíamos a trasladar el equipaje desde el coche, parecía que los dioses “croatos” se habían confabulado contra nosotros y descargaron otra tormenta descomunal. Yo estuve buscando a Noé y su arca atracada en el puerto, pero no llegué a verlos. Pisando charcos y calado hasta los huesos por segunda vez, tuve recorrer varias veces las callejuelas cargado con las maletas. Nuevo cambio de ropa.
Ya de noche y cansados de un día tan ajetreado, dimos un paseo para entender un poco esta extraña ciudad. El alojamiento, a pesar de lo “rústico” se encontraba situado en una zona muy céntrica a dos minutos escasos del centro histórico y junto al puerto. Un paseo marítimo y unas fachadas decoradas con cierto estilo palaciego en una plaza que preside el mar daban un toque enigmático a esta tranquila ciudad. La cena frugal fue solucionada con una cerveza y un kebap un tanto simple. Este Kebap no lo recordaré especialmente.
Km. recorridos: 270

CALLE de SPLIT

DIA 3 –
Al día siguiente, ya no llovía. Buscamos en las cercanías de la casa un bar donde nos dieron un buen desayuno y comenzamos la ruta turística de la jornada. Nos dispusimos a buscar, según el mapa, el Palacio de Diocleciano y como el día anterior nos costó localizarlo. Fuimos al paseo marítimo junto a la plaza, una vez allí, nueva consulta de plano y callejear. Un poco decepcionados, decidimos adentrarnos en las oscuras calles a través de una puerta de la plaza. Una vez dentro y mitigando la desesperanza, contemplamos un mercadillo subterráneo y al cabo de un rato nos damos cuenta que ya estamos en el Palacio de Diocleciano. El palacio en sí, está formado por callejuelas, casas, tiendas, pasadizos, patios laberínticos, etc.

En una cúpula en medio de la calle, pudimos presenciar un pequeño concierto coral, casi improvisado de canciones típicas dálmatas. También, una boda un tanto extraña y que parecían ortodoxos en la oscura catedral de San Diomo. Esta catedral fue antes el Mausoleo del Emperador Diocleciano. En medio de este laberinto, podemos encontrar El Peristilo y el Templo de Júpiter.

CATEDRAL de SAN DIOMO


En una plaza cercana, la comida en la terraza de una pizzería, como no podía ser de otra manera.

GRGUR NINSKI

Saliendo por la parte de atrás de las murallas se encuentra la curiosa estatua de Grgur Ninski. Cuenta la leyenda que hay que tocar su pie gastado para que de suerte. En realidad, más que Grgur Ninski parece el mago Merlín. En las calles aledañas al Palacio, también, existía un mercadillo donde abundaban las camisetas de jugadores de fútbol españoles.

Por la tarde, una vez visto Split, nueva etapa con el coche rumbo a Dubrovnik. La distancia en kilómetros no se corresponde con las horas que presumiblemente haríamos en España. Se suele tardar casi el doble. Es una carretera típica que bordea la costa, atravesando pueblos. Por un instante, se cruza la frontera con Bosnia-Herzegovina -donde puede haber control de pasaportes- para volver a Croacia.

PUERTO VIEJO de DUBROVNIK

Después del trayecto, llegamos a Dubrovnik ya de noche. Otra tarea, la búsqueda de hotel. Esta vez era más fácil. No había casas, ni calles cortadas, ni palacios ocultos. El hotel se encontraba junto al puerto y era visible desde lejos.
Una vez instalados, la cena. Un pequeño paseo y una nueva decepción. Quise comerme un bocadillo de queso típico de lugar y sorpresa… bocadillo de queso de sándwich. Mejor no pensarlo. A dormir.
Km. recorridos: 220

ATARDECER - DUBROVNIK

DIA 4 –
El día amaneció soleado. Las tormentas quedaron atrás. Localización en el mapa del recorrido turístico y puesta en marcha. Decidimos ir andando pero después de un par de errores de cálculo, la mejor opción era coger un autobús hasta el centro histórico de la ciudad.
La ciudad vieja de Dubrovnik está rodeada por una gran muralla que alberga 16 torres. Se accede por la Puerta de Pile que es como la de los castillos. El casco viejo de Dubrovnik es una ciudad medieval, muy bien conservada. Mantiene el encanto en sus calles, torreones, callejuelas. Las piedras blancas del suelo, las paredes y el estado de conservación, llaman la atención. Es increíble ver aquello después de haber sufrido una guerra reciente.


Calle de DUBROVNIK
Caminando por sus calles de piedra blanca, vimos el Palacio de los Rectores, la Plaza Luzza o de la Loggia con su Torre del Reloj. El Palacio Sponza y La Columna de Orlando. La Iglesia de San Blas y la Fuente de Onofrio. Incluso visitamos un pequeño museo de ciencias naturales de forma gratuita.
La comida en una terraza de una plaza en el casco viejo. Pensábamos en el precio final suponiendo que iba a ser bastante elevado. Pero no fue así a pesar de lo turístico de sitio.


CALLE de DUBROVNIK



Después, un café y para terminar un recorrido por la muralla que rodea la ciudad. Hay que pagar entrada, pero merece la pena. Un paseo nocturno para rematar, compra de comida en una tienda y vuelta al hotel en autobús.

MAR ADRIATICO

DIA 6 – 
SIBENIK

Este día, si que amaneció como auténtico día de verano. Un fuerte calor y otra jornada de coche. Llegada a una ciudad no muy grande perteneciente a la costa dálmata llamada Sibenik. Es conocida porque aquí es donde nació Drazen Petrovic, el carismático jugador de baloncesto. Para no variar, tuvimos que dar unas pocas vueltas en esta ciudad para encontrar el hotel. La verdad que la parte “moderna” no tiene ningún encanto. Tiene el aspecto de pueblo venido a menos de los años 60, con un toque un poco soviético o tal vez, provinciano. Después de preguntar varias veces, tuvimos que salir de la ciudad y dirigirnos, siguiendo la costa, hacia el sur y atravesar un pequeño bosque. Una vez instalados en la habitación y dadas las horas que eran y ante la escasez de restaurantes, la mejor opción que se nos antojó fue una hamburguesería internacional. La tarde la pasamos descansando y disfrutando del magnífico spa y piscina que disponía el complejo hotelero. La cena en el propio hotel, ya que estaba incluida.
Km. recorridos: 300
DIA 7 –                                                      
Este día lo utilizamos para descansar en las instalaciones del hotel-resort. Este complejo hotelero cuenta con una zona de bosque e instalaciones deportivas propias. La ya mencionada piscina, playa con atracciones y diversión para niños y mayores.
Las playas de la Dalmacia croata poseen un agua muy transparente y cristalina, ya que no tienen arena, sino piedras.

CASA TIPICA de DALMACIA
Dentro de este complejo hotelero tienen una reproducción de un poblado dálmata y aprovechamos para comer la comida típica de lugar. Tanto el pescado como la carne se cocinan a la brasa, tapados con cenizas. A esta forma de cocinar le llaman “peka”. Nosotros optamos por un exquisito cordero.

DIA 8 -
A la mañana siguiente, tocó visita al casco antiguo de Sibenik. Callejeando llegamos hasta la catedral de St. Jakov. Con el paseo llegamos a las Fortalezas de Santa Ana y San Juan. Calles estrechas y con empinadas cuestas y escaleras nos llevaron a un cementerio en la montaña. También, es importante ver la desembocadura de río Krka.
Para comer, ese día tocaba bocadillos y en la panadería no hablaban ningún idioma conocido. No obstante, con gestos y buena voluntad se puede comprar pan, bebida y postre.
Luego, cogimos el coche y rumbo a Zagreb por la autopista. Hay que decir que apenas se ven policías controlando las carreteras, así como por las calles. No obstante, la sensación de seguridad es bastante alta en todo el país.
Después de varias horas de conducción, llegada a la capital de Croacia. Zagreb es como una ciudad decadente. En cierto modo, tiene cierta similitud con Lisboa. La ciudad es algo vetusta en sí misma, con casas oscuras y calles estrechas. Es una ciudad que no es bonita pero tampoco se olvida.
FUNICULAR de ZAGREB
Como en casi todas las ciudades que visitamos, la búsqueda del hotel es un reto constante que se repite. El hotel, estaba situado en una zona tipo industrial en las afueras, a unos 10 minutos en coche (sin perderse). Hubo que preguntar muchas veces y perder un tiempo precioso. Esto genera algo de desesperación y cansancio. Es lo malo que tiene no tener navegador. El hotel para no ser menos, a pesar del buen aspecto exterior, por dentro tenía también ese toque entre soviético y decadente. El tráfico en el centro de Zagreb no es complicado.
Una vez instalados, ya era algo tarde, una rápida visita al centro de la ciudad con la intención de ubicarnos, coger referencias y orientarnos al día siguiente. Localizamos un parking para nuestras visitas turísticas y de forma inconsciente el centro neurálgico de la ciudad.
La cena, después de adentrarnos en una zona muy animada (restaurantes, garitos, cervecerías, locales de copas). Así es la calle Tkalčiċeva. El restaurante, un poco más caro de la media pero recomendado, es el de Hansel y Grettel, también llamado de Ivica y Marika. Después de la cena, cansados volvimos al hotel.
Km. recorridos: 350

Calle ILICA de ZAGREB

DIA 9 -
Aprovechando el coche fuimos directamente hasta el cementerio Mirogoj. Un curioso y grandioso cementerio al norte de la ciudad. Llama la atención por su gran extensión de terreno, sus esculturas, mausoleos, etc.

CEMENTERIO MIROGOJ
La visita previa de la tarde anterior al centro de Zagreb, sirvió de mucho, porque perdimos poco tiempo para dejar el coche en un aparcamiento de la calle Ilica y continuar la excursión del día. Zagreb está estructurada en dos partes: ciudad alta (Gornji Grad) y ciudad baja (Donji Grad). Visitamos muchas calles y lugares típicos, todos andando.
La Plaza de Ban Jelacic (el símil de la Puerta del Sol de Madrid), con sus tranvías de color azul, conecta con la calle Ilica. La más importante de la parte baja de la ciudad.


PLAZA de BAN JELACIC
El mercado Dolac, también conocido como mercado de las flores, es el “estómago de Zagreb”. Aparte de flores de todo tipo y colores, hay comida y productos para la casa. Muy cerca, subiendo unas escaleras, se encuentra la catedral Sveti Stjepan, de estilo neogótico, ya en el barrio de Kaptol. Las casas que rodean la catedral son del siglo XVII. Cuando vimos la catedral, se encontraba en restauración.
Otro paseo, esta vez diurno, por la calle Tkalčiċeva. Esta vez no estaba tan animada como por la noche, pero da otra visión diferente ayuda a ver otros detalles.
IGLESIA SVETI MARKO

La calle Radiceva nos llevó hasta la Puerta de Piedra y ésta a la Plaza de San Marcos. En esta plaza, la curiosa iglesia Sveti Marko, con sus tejas de colores, conformando la bandera de Croacia y sus escudos. Junto a la iglesia se encuentra el Sabor (parlamento) y el Palacio del Ban, que lógicamente, se ven por fuera.
Otra vez callejeando, fuimos por el paseo de Strossmayer y llegamos hasta la Torre Lotrscak. Un funicular conecta con la ciudad baja de Zagreb.
Tras otro largo paseo, llegamos al majestuoso gran Teatro Nacional con su original color mostaza. Siguiendo con la caminata, dimos con la estación de trenes de Glavni Kolodvor, junto a ella se encuentra el mítico Hotel Regent Esplanade. Hotel que nació para alojar a los viajeros del Orient Express.

GRAN TEATRO NACIONAL
Para acabar el viaje, nuestra última comida en Croacia en una pizzería, de las más típicas de esta ciudad y muy cerca del Mercado de Dolac. El menú de dos personas, compuesto por platos de una pasta exquisita y bebida; no llegó a 15 €, al cambio.
Nada más terminar, coger el coche y rumbo al aeropuerto. Devolver el coche sano y salvo y esperar nuestro avión. Escala en Múnich (Alemania) para cambiar de avión y vuelta a Madrid.


Total Km. recorridos: 1.500

En resumen, un viaje muy agradable y muy barato en su conjunto. Un país con un encanto especial que no hace sino despertar las ganas de seguir viajando y conociendo. Quedaría pendiente hacer un viaje por los países colindantes. La opción de hacerlo en moto es… muy interesante.